Absolutamente de acuerdo con esta opinión de Eric Gilabert. Sólo un apunte. Esa orfandad también viene producida por el clientelismo instalado en el partido en muchas de sus agrupaciones municipales.
"Los que hemos pisado habitualmente las
casas del pueblo socialistas sabemos que quienes controlan desde hace
años «el aparato» del PSOE son contrarios a la autocrítica pública del
militante (aunque luego no se rasguen las vestiduras en hacer la vida
imposible a los que pretenden hacer un PSOE más democrático y empático
con la ciudadanía). A riesgo de causar malestar entre ese grupo de
personas que tienen la habilidad de serpentear de sillón en sillón, y
elección tras elección, es evidente que hay que poner públicamente de
manifiesto que el PSOE necesita un cambio y no sólo de personas.
Se
habla de cambio de nombres. Es fundamental, pero indiferente si detrás
no hay una idea de partido y de país definida, si al final, detrás de
telón, el protagonismo lo siguen teniendo unos pocos capaces de mover
los hilos de tal forma que llevan a la deriva unos ideales centenarios
en beneficio de su puesto. ¿Políticos profesionales? Sí pero no. No lo
serán tanto cuando un puñado de aficionados recién llegados de nuevos
partidos les han superado en entusiasmo, capacidad de convencimiento y
energía.
En lo que sí son profesionales en perpetuarse elección
tras elección convirtiendo al PSOE en su puesto de trabajo y
convirtiéndolo en un partido inmovilista a beneficio de sus intereses.
Los hay que llevan 30 años chupando del bote, pero también los que se
incorporaron después y no han visto trabajo alguno más allá que el que
obtienen de cobijarse a la sombra del partido. Son los de las camarillas
en los pasillos de los congresos, los que saltan de Europeas al
Congreso pasando por las Autonómicas, y si no colándose al final como
asesor en cualquier sitio. En definitiva, los culpables de tejer las
telas necesarias para que nada cambie. ¿Creen ustedes que los militantes
socialistas no queremos elegir a nuestros representantes en listas
abiertas? ¿Creen que las bases no quieren eliminar el Senado? ¿Acabar
con los sueldos indecentes? ¿Las puertas giratorias? Claro que sí, pero
no nos han dejado.
Uno no se avergüenza de ser socialista pero
sí de la manera de hacer las cosas de este tipo de dirigente. Miren, si
la disyuntiva es ser díscolo o borrego, opto por la discrepancia sin
pedir perdón ni permiso. La autocrítica no lleva al PSOE a la
autodestrucción. Lo que sí lo lleva es la absoluta falta de reflexión
ante el peor resultado de la historia del PSOE elección tras elección y
la desilusión, enfado y hartazgo del simpatizante que se ve huérfano de
políticos que les ilusionen.
Si todo sigue igual y no cambia
nada, la herida seguirá sangrando. Y pierde la sociedad que un día tuvo a
un PSOE, que con sus errores y aciertos, fue una pieza fundamental en
el desarrollo social de España, pero «el aparato» está dejando a los
socialistas huérfanos de partido y sobrado de políticos intrascendentes.
Que a ellos no les gustará leer esto es obvio. ¿Pero el aparato no se
pregunta por qué millones de votantes se han cansado y han buscado otras
opciones tan dispares como Ciudadanos o Podemos? ¿No se han dado cuenta
que el potencial votante socialista es una persona que quiere avanzar,
ser progresista, transformadora y se encuentra un PSOE enquilosado,
lleno de un grupo de dirigentes incapaces de abrir las puertas ni
siquiera a su militancia? Aunque no lo crean, todavía hay pesos pesados
del PSOE que viven tan en su mundo, que piensan que Iglesias y Rivera
han engañado a los votantes con su don de palabra, cuando es el PSOE el
que se ha engañado a sí mismo intentando creer que sin un proyecto
claro y sin adaptarse a la democracia interna necesaria en estos días
podía ir a algún sitio. Si no se da protagonismo al militante, cómo se
le va a dar al ciudadano. Pero el aparato tiene miedo de que el
militante lo elija todo, porque entonces ya no habría aparato.
Las
coaliciones y los pactos de gobierno tapan de momento que año tras año
el PSOE pierde apoyo pero no está tan lejos el día en que esa fuerza sea
tan intrascendente que no sirva de nada. Mirar al norte de España es un
fiel ejemplo. A lo mejor ese aparato que quiere seguir manteniendo su
sillón estará ya jubilado pero la última generación que creímos y vimos
un PSOE transformador, que fue valiente, capaz de combatir con la
Iglesia para aprobar la ley de matrimonio homosexual, de violencia de
género o de abanderar un «No a la Guerra» de Irak nos quedaremos
huérfanos de referentes. La remontada del PSOE sólo pueda venir por ahí,
por una regeneración que ponga por delante las ideas a los nombres, los
propósitos a los sillones y a la gente por encima del partido, pero
queda mucho por hacer y es muy difícil hacerlo cuando se lucha contra un
grupo de personas que ha hecho de la política su trabajo, que defiende
su pan, un pan que por cierto, pagamos todos."